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¡Llegó la hora de votar!

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Xóchitl Gálvez apuesta por el voto joven y el de la clase media

Las encuestas favorecen a Claudia Sheinbaum

Pues  llegó la hora de votar y de saber muy pronto cuál será el futuro inmediato de México, Si continúa la proyección de un sexenio más del gobierno de una izquierda mesurada que, durante el mandato de Andrés Manuel López Obrador, desarmó casi todo lo que en más de 30 años bajo el dominio de la derecha en México se administró a favor de la iniciativa privada con énfasis en las compañías transnacionales, o si regresa este modelo que en el mundo solo ha dejado pobreza para la mayoría de la población.

De acuerdo con el artículo 36 Constitucional el voto es obligatorio para los ciudadanos mexicanos, pero su incumplimiento no se sanciona como en otros países. Se estima que en cada jornada electoral el abstencionismo gira alrededor del 35 por ciento del Padrón Electoral, columna vertebral del sistema democrático, que este año es de 98 millones 329 mil 591 credenciales con fotografía. De su uso o no, depende el México que tendremos los próximos seis años.

En 2018 la coalición Juntos Haremos Historia logró 30 millones 110 mil 327 votos a favor de López Obrador, lo que representó el 53.20 por ciento de la votación total constituido por 56 millones 601 mil 874 votos. El abstencionismo fue del 33 por ciento, el PEJE superó con 30 puntos al segundo lugar y ahora la científica Claudia Sheinbaum se mantiene por encima, y con mucho, a sus adversarios: Xóchitl Gálvez y Jorge Álvarez Máynez.

En este contexto, Nexos, la revista de Héctor Aguilar Camín que se ha distinguido por ser un abanderado del salinismo, acaba de publicar un texto de Carlos Hernández Torres, matemático egresado de la UNAM y con estudios en el extranjero, que de principio descalifica a las encuestadoras y asegura que en el 2021 y con la Revocación de Mandato, el presidente AMLO perdió 15 millones de votos, la mitad de los electores que lo hicieron primer mandatario. Reconoce que “en 2018, la decepción con el gobierno de Peña Nieto y el hartazgo por la corrupción llevaron a un cambio de lealtades. Muchos votantes del PRI cambiaron a López Obrador, disminuyó el apoyo al PAN y creció el respaldo de la clase media urbana al mensaje de un líder carismático”. Apunta, no obstante, que la abstención fue mayor al voto alcanzado por Juntos Haremos Historia. Rechaza que Morena sea la aplanadora que se ha hecho creer y augura que ahora solo votarán 25 millones a favor de Claudia Sheinbaum.

El especialista sostiene con sus datos que el voto de los pobres será para la oposición PRI—PAN–PRD. Lo achaca a la desaparición del Seguro popular, al desabasto de medicamentos, a los malos resultados en la política de seguridad, al aumento de la violencia, a las crecientes quejas de corrupción y a las fallas en el sector educativo, además de la desaparición de programas sociales.

Bajo el encabezado “la hora de los votantes que no votan”, dice: En el entramado político y social actual, México se enfrenta a una encrucijada que determinará su futuro. La vigencia política de López Obrador y el rumbo el país está en juego. ¿Seguirá México el camino de la llamada Cuarta Transformación? ¿Continuará una versión más radical de este modelo o tomará un nuevo curso bajo unos opositores revitalizados?

Carlos Hernández Torres explica que más allá de la historia personal y el carisma de la candidata opositora, que contrasta con una candidata oficial seleccionada por prácticas tradicionales y apoyada por tácticas cuestionables, el dilema actual trasciende las figuras políticas. Los partidos y sus líderes centrados en votantes leales e indecisos no parecen influir en el vasto “océano azul” de abstencionistas, el sector mayoritario no explotado en México.

Ante este panorama, advierte, surge un momento decisivo: la oportunidad de un cambio significativo está al alcance si quienes no apoyan a López Obrador se movilizan. Si salen a votar y abandonan su abstencionismo, los jóvenes y la clase media tienen el poder numérico para determinar el resultado.

Insiste: Este es un momento crítico. La apatía y el descontento no son opciones válidas ante los retos nacionales. La participación activa en la democracia es el camino más efectivo para el cambio. Los jóvenes, en especial, tienen la oportunidad de perfilar su futuro, utilizando su voto.

“Si las mayorías silenciosas se activan, el cambio no solo es posible, sino probable. México está en un punto de inflexión y el próximo capítulo de su historia será escrito por quienes decidan alzar su voz y ejercer su derecho al voto”.

Quizás esos argumentos académicos respaldados con investigaciones realizadas en pasadas contiendas vayan a hacerse realidad este 2 de junio. El dilema está en que esa juventud y parte de la clase media también puede definir su voto por Morena y sus aliados, o irse por la opción de Movimiento Ciudadano que de manera sorpresiva ha prendido en sectores juveniles. Tal vez Xóchitl Gálvez repunte en la aceptación ciudadana, pero su principal problema radica en que el pasado condena a los partidos políticos, y a sus dirigentes, que apoyan a la “indígena hidalguense” que vendió gelatinas y aspira a suceder al PEJE.

 

Tan es así que la propia Xóchitl ha negado su vinculación directa con el PRI-PAN-PRD. Y antes del segundo debate sorprendió al anunciar que iba a mandar a volar los consejos de los dirigentes partidistas que la hicieron su candidata presidencial, que en el encuentro con Claudia Sheinbaum no se dejaría influir y que daría un cambio de timón. “Voy a mandar al carajo muchas cosas que no estoy dispuesta a aceptar. Está muy cañón hacer caso a todos. Ahora yo soy la que va a tomar la decisión de cómo hacer el debate”.

“De repente es muy complicado que cada asesor te dice una cosa distinta. Está cañón. Uno te dice tienes que ser así; otro te dice tienes que ser acá; no ataques al presidente, ataca más a Claudia; no ataques ni a Claudia ni al presidente…híjole, está muy difícil, entonces yo realmente voy a hacer lo que yo pienso que debo de hacer”.

Insegura, se quejó de que la criticaban por vestir con el estilo indígena. “Si una mujer con huipil no gusta a los mexicanos, lo lamento”. Pero reflexiono que a lo mejor “la gente no te quiere de huipil, porque una presidenta no puede traer huipil”. Dispuesta a todo y llena de ilusiones confesó que hasta su lenguaje iba a cambiar “porque a los mexicanos les gusta una jefa de Estado que no diga malas palabras”.

El 28 de abril, fecha del segundo debate, Xóchitl fue ella misma con exageración. Atacó, atacó y atacó a una Claudia que en momentos se notó golpeada pero serena, jamás se desesperó. Si bien su adversaria no obedeció consejos de los líderes partidistas que en nada le favorecen, sí cumplió con la estrategia que le ofreció días antes Jorge Castañeda, el excanciller de Vicente Fox Quezada.

El de la guerra sucia, pero sucia en serio, le dijo que “la única estrategia es el ataque, constante e inmisericorde. Debe hacer caso omiso de las reglas del debate previamente acordadas por sus representantes, e interrumpir repetidamente a Sheinbaum, con una sola pregunta: ‘¿Por qué no contestas?’ Justamente lo que no hizo en el primer debate, cuando teniéndola contra las cuerdas, la dejo escapar: se le fue viva…”.

El polémico comentarista político, le recordó: “Ningún ganador de debates respeta las reglas, pasarse de violarlas cuesta, pero respetarlas a pie juntillas cuesta más.

“El exceso de temas pactado por los equipos perjudica a Xóchitl. No hay más remedio que lo fenicio. Debe escoger uno, dos o tres –la seguridad, la salud, la corrupción—y volver incansablemente sobre ellos. Lo peor que puede hacer es alinearse ciegamente con los lineamientos del INE, aunque hayan sido aceptados por sus abanderados. Y más que nada, soltarse; como le dijo un amigo en una comida a mediados de junio del año pasado; ¡Qué Xóchitl sea Xóchitl!”.

Y sí que lo fue. Xóchitl, “la corrupta” que recibió una lluvia de elogios por parte de los opositores a Claudia, la “narcocandidata” que, según ellos, quedó hecha polvo tras La confrontación pública en las instalaciones del INE. Sin embargo, la fiesta duró muy poco. Todas las encuestas siguientes, salvo una –Massive Caller–, mantuvieron la enorme ventaja de Sheinbaum sobre Gálvez.

LA DESESPERACIÓN EN FUERZA Y CORAZÓN POR MÉXICO

De cara a las elecciones, las dos aspirantes coinciden en convocar al voto. La candidata de Fuerza y Corazón por México tiene fe en que si acuden a las urnas alrededor del 70 por ciento de los ciudadanos su triunfo está asegurado. Lo mismo sostiene la de Sigamos Haciendo Historia. Ninguna teme al abstencionismo, todo lo contrario: convocan a votar, principalmente la primera que, conforme se acerca el 2 de junio, pide, ruega y hasta amenaza al candidato del Movimiento Naranja para que decline a su favor. La desesperación comprende a sus impulsores Claudio X. (junior), Marko Cortés, Alejandro Moreno y Jesús Zambrano.

La respuesta del zacatecano Jorge Álvarez Máynez ha sido un rotundo no, la humillación hacia ellos al proponer que Xóchitl es la que debe declinar y sumarse a la causa de Movimiento Ciudadano. Los de Morena, PT y Partido Verde ni se meten. Observan el abismo de diferencia que conservan positivamente en las preferencias electorales y la forma en que la exsenadora panista se ha estancado y enfrenta el riesgo de retroceder.

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Estancados y con sus ilusiones se quedaron desde que se presentaron con los banqueros en Acapulco a los que su abanderada prometió gobernar para la clase media con seguridad, salud y justicia. La exsenadora panista se autocalificó de “demócrata”, habló en defensa del Poder Judicial de la Federación –uno de sus aliados–, criticó lo realizado en seis años de gobierno de AMLO y pidió a los dueños del dinero reflexionar lo que está en juego el primer domingo de junio cuando se definirá “cómo será México en los próximos 30 años”.  Los dueños de la banca le aplaudieron de pie y el día siguiente fue de celebración.

En su proyecto de nación, la candidata opositora propone hacer realidad el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México en Texcoco, restituir las estancias infantiles, revisar los libros de texto gratuitos; dar independencia al Poder Judicial de la Federación en la integración de la Suprema Corte de Justicia, reconstruir el sistema penitenciario, regreso gradual del ejército a sus cuarteles, que la Guardia Nacional sea Civil, escuelas de tiempo completo, seguro universal de salud, transformar a Pemex régimen presidencial con prácticas parlamentarias, avanzar en energías limpias y transparencia total en obras públicas.

Del armado de este proyecto se responsabilizó al principio a José Ángel Gurría, exdirector de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), luego se mencionó a Enrique de la Madrid y la participación de casi todo el gabinete que tuvo el panista Felipe Calderón Hinojosa, con excepción de Carlos Urzúa, exsecretario de Hacienda con López Obrador.

Con el mismo objetivo, de lado de Seguiremos Haciendo Historia, la coordinación estuvo a cargo de Ramón de la Fuente. exrector de la UNAM. Comprende 100 puntos que son continuidad a lo hecho por AMLO en su gobierno, durante el cual los banqueros han ganado como nunca. A decir de Claudia Sheinbaum mucho ha cambiado en estos seis años. Apoyo a los adultos mayores, a las personas con discapacidad, a los jóvenes. “Se han construido universidades, trenes, aeropuertos, carreteras, presas, refinerías, plantas solares, se incrementó al doble el salario mínimo y al triple en la frontera…”.

LOS ESCENARIOS PROBABLES Y LA IMPUGNACIÓN

El Instituto Nacional Electoral (INE) dice que las elecciones de 2024 serán reconocidas como las más grandes de la historia de México. Se disputarán 20,367 cargos entre la elección federal y las locales, por lo que “estos comicios no sólo marcan un ejercicio fundamental de la soberanía popular, sino que también reflejan la continua evolución política y social que ha caracterizado al país en las últimas décadas”.

Es motivo para estar atentos a la jornada electoral que, según el Centro para Estados Unidos y México del Instituto Baker de Políticas Pública de la Universidad de Rice, es probable que los resultados sean impugnados. En su perspectiva observa “el peligro de un conflicto postelectoral es mucho mayor que en 2018 o 2021. Aun así, con el país todavía dividido, la oposición probablemente obtendrá buenos resultados, incluso si finalmente pierde las elecciones. Sin embargo, este entorno político restará valor al entorno empresarial favorable de México y ralentizará las decisiones de inversión”.

Dice que entre más votos haya, mejor le irá a la oposición. En cambio, una participación deprimida, en la que sólo aparece el voto leal y el gobierno actual inclina la balanza estadística a su favor, desembocará en la derrota de La Fuerza y Corazón por México.

Recordemos que además de la presidencia de la República, el próximo domingo 2 de junio se elige a 128 senadores y 500 diputados federales, 8 gubernaturas, la jefatura de gobierno de la Ciudad de México, 16 alcaldes y las legislaturas de las 32 entidades federativas.

En el cuadro social político hay materia para impugnar por parte de la oposición. Destaca, de acuerdo con los hechos, reiteradas violaciones al marco normativo como son los actos electorales fuera de los tiempos legales, el protagonismo de servidores públicos, destacando el propio presidente AMLO en acciones proselitistas, dinero público para fines clientelares; violencia y participación del crimen organizado – asesinatos de candidatos y amenazas—ataques a la reputación de funcionarios del INE y el Tribunal Electoral, el mal uso de la Inteligencia Artificial, politización del ejército y la injerencia de la iglesia católica con llamados a votar contra representantes de la llamada Cuarta Transformación.

Así, conforme se aproximan los comicios, se hacen apuestas sobre los tres posibles escenarios que arrojarán los resultados: Triunfo de la coalición Sigamos Haciendo Historia; delgada victoria de Fuerza y Corazón por México; y conflictos graves si la oposición gana y Morena desconoce su derrota. Lo más seguro, dicen, es la permanencia del partido guinda en el poder.

El temor mayor que crece en la oposición interna y en la derecha ultra en el extranjero, es un escenario donde Sheinbaum gana la presidencia y Morena obtiene una supermayoría en el Congreso, suficiente para cambiar la Constitución total o parcialmente: ¡El sueño dorado de Andrés Manuel López Obrador!

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