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Crónica la rebelión Zapatista que sorprendió al mundo

Crónica la rebelión Zapatista que sorprendió al mundo

Crónica la rebelión Zapatista que sorprendió al mundo
Por Guillermo Correa Bárcenas

En la madrugada del próximo 31 de diciembre se cumplen 30 años de que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) le declaró la guerra al Estado mexicano. De esta forma los indios de Chiapas hicieron pública su rebeldía frente a más de 500 años de la Conquista española, y porque al entrar en vigor desde el primer minuto de 1994 el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) ya preveían lo que ahondó el neoliberalismo impuesto por Miguel de la Madrid Hurtado y catapultado por Carlos Salinas de Gortari.

El movimiento del EZLN sorprendió al mundo al conocerse su insurrección hace tres décadas cuando en realidad contaba con diez años de vida pues se fundó el 17 de noviembre de 1983 en la montaña de Chuncerro, cerca de la chiapaneca Laguna de Miramar. Su existencia se debe a los mandos del Frente de Liberación Nacional encabezados entonces por loa comandantes Germán, Elisa y Rodolfo, junto con los indígenas Javier, Jorge y Frank. El surgimiento del EZLN se dio en el campamento La Garrapata. Al grupo guerrillero se uniría pronto el subcomandante Marcos.

Tres décadas públicas de lucha, los diez años antes fueron de clandestinidad. Con triunfos continuos que despertaron las luchas sociales de mexicanos y extranjeros su realidad es peor. Agresiones constantes, migrantes extranjeros que amenazan su entorno, cercos militares, abandono del gobierno federal, la pobreza creciente, disminución del apoyo internacional, acciones de un supuesto desarrollo a favor de los más pobres del sureste mexicano y la presencia de grupos narco-delincuencia organizada provocan la huida terrenal de aquellos rebeldes que conmovieron a México.

Hay un poder sexenal que agoniza con su proclama a favor de los más pobres que no conocen en carne propia. Al contrario, padecen, sufren como siempre pues el progreso expresado con magnas obras no es para ellos.

No olvidemos Diciembre de 2020, con el PEJE como Presidente y el siempre vocero del EZLN, el subcomandante Marcos, ya Galeano, que un uno más de sus clásicos comunicados dio cuenta en clara alusión de que en una cantina (México) “…un varón que esgrime un bate de beisbol (AMLO) con el que amenaza a diestra y siniestra. La muchedumbre está claramente dividida; en un lado quienes aplauden y en el otro quienes abuchean. Todos están como embriagados: la mirada furiosa, la baba escurriéndoles por la barbilla, el rostro enrojecido”. Y sigue: “¿Quiere pasar? Puede elegir el bando que guste. ¿Quiere aplaudir o criticar? No importa cuál elija, le garantizamos que tendrá muchos seguidores, likes, pulgares arriba y más aplausos. Usted será famoso si se le ocurre algo ingenioso, sea a favor o en contra. Y aunque no sea muy inteligente, basta con que haga ruido. Tampoco importa si es cierto o falso, grite, siempre y cuando grite fuerte. Usted (léase Marcos, Galeano, EZLN) valora la oferta. Le suena atractiva, “sobre todo ahora que a usted no le sigue ni el perro”.

Habrá quienes hablen en estos días del fracaso del EZLN. Nada más falso. Lo cierto es que desde hace tres décadas el futuro de México se empezó a escribir con el grito de ¡Ya Basta! Que resonó con la lucha en el sureste mexicano. Prueba de ello es que el neoliberalismo va para menos y que cada día crece el repudio contra Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto culpables del Gran saqueo de las riquezas naturales del país y de las vidas hipotecadas de nuestros descendientes.

Podrá tener sus diferencias Andrés Manuel López Obrador con el grupo rebelde. Pero no puede negar que gracias a éste su movimiento cívico logró llevarlo a la presidencia de la República. Imposible negar que el descontento nacional fue antes y mucho más en los pueblos nativos, de donde creció con fuerza a las zonas urbanas. Aunque caminan en paralelo ambos movimientos se enriquecen mutuamente. A pesar de que en el reparto de lo logrado siga la falta de equidad,

El que esto escribe comenzó a reportear en Chiapas a finales de los años 70. En el largo trayecto siempre conté con el apoyo de Julio César López Arévalo, corresponsal de Proceso: Matanzas de indios, despojo de tierras, el ecocidio de la Selva Lacandona y la comercialización de las culturas étnicas de la región eran, y son, la constante en esas tierras mexicanas ahora tránsito obligado de migrantes que desean llegar a los estados Unidos. Y disputa de carteles del narcotráfico.

En mayo de 1993 ya habíamos reportado combates en la selva entre los guerrilleros y el Ejército Mexicano. Pero los primeros días del 94 sí que fueron sangrientos. Las demandas de los rebeldes eran reivindicar los derechos indígenas, una mejor vida para los desposeídos y derrocar al presidente Salinas símbolo del capitalismo salvaje.

Encapuchados y con paliacates rojos cubriendo el rostro, los indígenas rebeldes madrugaron a las autoridades durante la celebración del año nuevo. Su vocero, el subcomandante Marcos, pronto deslumbró por el uso del lenguaje en sus comunicados atrayendo la atención del mundo intelectual sorprendido por las acciones que llamaron la atención periodística de todos los medios informativos.

Entre ellos se encontraban Proceso, El Tiempo, El Financiero y La Jornada, los únicos dentro del basto espectro de reporteros nacionales, estadounidenses, europeos y asiáticos que invadieron la ciudad de San Cristóbal de las Casas ubicada en los Altos de Chiapas y zona de influencia guerrillera para constatar desde ahí las injusticias padecidas por los grupos indígenas mayas expresados a través de las etnias Tzeltal, Tzotzil, Chol y Tojolabal, entre otras.

Una singularidad de esta guerra fue, al iniciar el siglo XXI, el uso de la tecnología como el internet, los celulares y comunicación satelital de parte de los insurgentes.

En los primeros días el triunfo mediático fue inmediato. La solidaridad a los indios broto con rapidez en todo México y muchos países. Frente a las embajadas y consulados mexicanos fue común observar las protestas contra el gobierno mexicano al darse a conocer la creciente desigualdad en el país y la embestida de las tropas mexicanas contra los casi muertos de hambre y sedientos de justicia. Muchos de ellos mujeres y niños armados con palos, resorteras y piedras.

Espectacular fue en los primeros días de enero ver la llegada de armamento de alto poder, helicópteros y aviones militares de los que bajaban soldados que parecían rambos, causando miedo a los habitantes y a los corresponsales de guerra que se dieron cita en San Cristóbal. Si de por sí Chiapas se encontraba militarizado por los refugiados guatemaltecos que huían de la represión sufrida en su país, la situación se hizo peor.

Eran las horas en que una revuelta indígena zapatista conmovió al mundo desde Chiapas, México. El 12 de enero llegó la calma, luego de que el “levantamiento” de los indios se había apoderado de los municipios Ocosingo, Altamirano, Las Margaritas, Oxchuc, Huixtán y Chanal con saldo de decenas de muertos y algunos reporteros heridos trasladados en ambulancias de la Cruz Roja a hospitales de San Cristóbal la municipalidad más significativa.

Tiempos de entrevistas. Extraordinaria fue la que realizó Vicente Leñero, subdirector de Proceso, al subcomandante Marcos, la que estuvo a punto de fracasar por el “pitazo” a los militares de un reportero de La Jornada.

Y que aparece “Durito”, responsable imaginario de los comunicados del EZLN desde Las Montañas del Sureste Mexicano en los que se hablaba de todo. De economía, sufrimiento, cosmogonías; el acontecer cotidiano en el mundo no indígena, de las traiciones, de la política, del sufrimiento que padecen los más pobres; de la felicidad que no llega, la injusticia que prevalece. Durito y Antonio fueron personajes inventados por el RZLN que siempre estuvieron presentes.

Salinas de Gortari vivía sus últimos meses como presidente. Un sexenio caracterizado por el remate del país iniciado por su antecesor Miguel de la Madrid. El PRI cumplía 64 años en el poder y el sonorense Luis Donaldo Colosio Murrieta había sido “destapado” a fines de noviembre de 1993. Con el alzamiento zapatista otro integrante del gabinete, Manuel Camacho Solís, se ofreció para mediar en el conflicto. El 11 de enero se le nombró Comisionado para la Paz. Se iniciaron entonces los Diálogos de la Catedral con la participación del obispo Samuel Ruíz García nada ajeno al desbordamiento indígena ante las injusticias que padecía.

La grandiosa iglesia con fachada amarilla fue escenario de intensos momentos. El Tatic –Caminante—Samuel Ruíz impuso su ritmo. El Subcomandante Marcos fue la atracción sobre todo de las mujeres reporteras, nacionales y extranjeras que atraídas por el encapuchado le ofrecían probar con ellas los condones que llevaban.

El vocero zapatista bromeaba iluminado con reflectores que palidecían aún más las figuras de los santos ahí presentes. los reporteros gráficos, famosos algunos en el mundo, se disputaban obtener la mejor foto a distancia con lentes de alta potencia incrustados en instrumentos de casi medio metro. Marcos se burlaba: “Con eso no van a descubrir quién soy” decía el encapuchado, con uniforme de negro militar, dos relojes en ambas manos, chaleco para portar granadas y carrilleras al estilo villista. Le faltaba el caballo que también utiliza. Pero nunca dejaba su pipa a pesar de ser asmático.

El 22 de febrero de 1994 iniciaron las conversaciones de paz que duraron al 2 de marzo. Asistieron 15 delegados zapatistas, San Cristóbal no se daba abasto de hospedar a cientos de representantes de organizaciones en apoyo a los indígenas. El resultado fue de un documento con 34 puntos para la consulta de las partes en conflicto.

Mientras esto sucedía, el 23 de septiembre nos agarró en busca de una entrevista más con Marcos en una de las regiones del zapatismo. El subcomandante no aparecía luego de tres noches de espera. Iniciábamos el regreso, pero en la poca señal de la radio logramos escuchar la noticia del asesinato de Colosio en el norte del país. Cerca de las 23 horas se presentó el vocero y bajo una luna llena la pregunta no se hizo esperar:

—¿Por qué ordenaron el crimen?

—¡Nosotros no fuimos, la orden salió de Los Pinos!, respondió.

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En agosto de 1994, tras haber rechazado las propuestas gubernamentales para la paz, el EZLN organizó una Convención Nacional Democrática con invitados de varios países. Grandes personalidades políticas visitaron las comunidades indígenas chiapanecas rebeldes. Una tormenta de varias horas nos golpeó. Al día siguiente Carlos Monsiváis sufría las consecuencias. Crecía el apoyo al zapatismo y la presión internacional de rechazo al gobierno salinista próximo a entregar el poder a su sucesor.

En octubre de ese 94, Samuel Ruíz presentó nueva propuesta de diálogo, al tiempo que el PRI imponía su candidato a gobernador cuando el EZLN ya había impulsado al periodista Amado Avendaño y declaraba tierras de la Selva y los Altos de Chiapas 38 municipios autónomos, luego nominados Caracoles, rompiendo el cerco militar en su contra.

Incansable en su labor pacificadora el obispo de San Cristóbal –acusado de comunista y ser parte de los alzados— había logrado establecer una Comisión Nacional de Intermediación (CONAI). Recién había ganado la gubernatura de Chiapas el priista Eduardo Robledo Rincón quien organizó cadenas de chiapanecos por el fin del conflicto. No tardó en renunciar e irse de embajador a la Argentina.

El movimiento zapatista trascendía en toda la República. Pero con Ernesto Zedillo Ponce de León presidente –sustituto del candidato asesinado Luis Donaldo Colosio— hubo doble juego: se negociaba y a la vez perseguía con órdenes de aprehensión a dirigentes como Rafael Sebastián Guillén Vicente presunto subcomandante Marcos, sin dejar de atacar militarmente a la insurgencia. El repudio mundial obligó a Zedillo a cambiar su estrategia: salió el Ejercito de la zona de conflicto, se suspendió la persecución y se reiniciaron las negociaciones.

Creada la Comisión para la Concordia y Pacificación (COCOPA), se detuvo y libró de inmediato al comandante Germán –el regiomontano Fernando Yañes Muños–, luego pasó lo mismo con Javier Elorriaga y Sebastián Etzin; se firmaron los Acuerdos sobre Derechos y Cultura Indígena, Siguieron foros incluso internacionales convocados por los zapatistas. Y otra vez el rompimiento.

Enferma de cáncer la comandante Ramona llegó al zócalo de la República. “Nunca más un México sin nosotros”, destacó con su rostro cubierto. Decenas de zapatistas llegaron a la capital y Zedillo, en respuesta, dejó impune la matanza de Acteal. Apareció el ranchero panista Vicente Fox que prometía resolver en 15 minutos la guerra de llegar a la Presidencia.

Obtuvo el poder en el AÑO 2000 y nada. Le siguió el también panista Felipe Calderón: tampoco. Recobró la presidencia el PRI con Enrique Peña Nieto y muchos menos. Con “El Mesías” de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador, continúan los agravios a los indígenas rebeldes y un supuesto desarrollo del sureste mexicano que nada bueno promete a los inconformes.

Las agresiones contra los indios no desaparecen a pesar de que en 2006 abandonaron la lucha armada pero no la cívica. El subcomandante Marcos prefirió ser Galeano –en homenaje a un luchador zapatista que optó por el nombre del escritor uruguayo—y fue degradado a capitán.

Lo que poco se sabe es que en marzo de 2019, con el PEJE de presidente de la República el comandante Germán fundador de la semilla guerrillera en México y del EZLN con el Frente de Liberación Nacional—creado muchísimos antes, acusó a Marcos de dividir a la organización zapatista. Marcos reviró al acusar a Yañez de ser comparsa de López Obrador.

Hoy, me dicen Amigos de la Selva Lacandona, de los Altos y Norte de Chiapas que los narcos se han presentado a cobrar derecho de piso, que ante la realidad Marcos se despide, que el éxodo va en aumento y la incertidumbre crece.

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