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Los chispazos de la política nacional

Los chispazos de la política nacional

Los chispazos de la política nacional

— DESASTRES NATURALES Y CINISMO — ZEDILLO, FOX Y CALDERÓN ACUSAN A AMLO DE LO MISMO QUE NO HICIERON — AMLO Y LOS EX FALLARON EN LA ESTRATEGIA DE PREVENCIÓN

Otis, el huracán de máxima categoría que azotó Acapulco, será recordado por muchísimo tiempo como la pesadilla que ha motivado el surgimiento de odios profundos, históricos e irreconciliables, que de alguna manera afectan ya las próximas elecciones de 2024.

La tragedia que asomaba el último miércoles de octubre fue aprovechada de inmediato por políticos y comentaristas contrarios a Morena. Corre noviembre y los enfrentamientos no cesan exhibiendo las torpezas de ambas partes; el cinismo de quienes por lustros lucraron con el poder y la provocación de quien los ha enfrentado desde la presidencia de la República.

Culpables todos, las víctimas son los de siempre, los que poco tenían y ahora nada tienen. Los empresarios que han tenido todo y que ante la desgracia exigen apoyos. A los primeros casi nada, a los otros, todo. Siempre ha sido así con las tragedias. Con López Obrador no es distinto. Políticos que siempre se aprovechan de los desastres para sus fines electorales.

 Hay diferencias que al final quedan en lo mismo.

No se olvidan los ataques de AMLO contra gobiernos del PRI y el PAN por el desempeño ante tragedias similares como la actual. Son los mismo que ahora la oposición le señala. Sin embargo, en la guerra por el poder que se definirá en los comicios de junio próximo, los expresidentes del PRIAN se han convertido en protagónicos aunque con sus desplantes llevan implícita una autocrítica a lo que no hicieron en sus sexenios, culpando al actual de irresponsable cuando su actuar en el fondo es, con todos sus descuidos y errores lo mismo. También ejemplo de lo que ellos debieron haber hecho en su momento ante las tragedias naturales que pegaron en México durante su respectivo mandato-

Tres fueron los personajes que han unido fuerzas mediáticas en contra de AMLO: el priista Ernesto Zedillo Ponce de León, recordado, entre otras acciones, por el error de diciembre que sumó en la miseria a millones de mexicanos; el Fobaproa que nos endeudó de por vida a cambio de salvar a los rapaces banqueros: la desaparición de los ferrocarriles que ahora el actual gobierno les da prioridad y la entrega sin recato alguno del máximo poder en el país al Partido de Acción Nacional (PAN).

Vicente Fox Quezada –identificado actualmente como empresario marihuanero, polémico por sus expresiones absurdas y groseras; recordado porque su esposa Marta Sahagún se robó hasta las toallas de la residencia oficial de los Pinos–, fue el primero que se manifestó en contra de El Peje por su retraso por ir a ver a los damnificados de Acapulco.

“No me queda más que decirle, chinguen a su madre a todos los que nos gobiernan, militares o no, resuelvan Acapulco y la inmensa desgracia en que está nuestro país”, escribió Vicente Fox en sus redes sociales dos días después de lo acontecido en el puerto guerrerense, luego de que los intelectuales, empresarios periodísticos y comentarista favorecidos en su sexenio con jugosos apoyos financieros arremetieron contra Andrés Manuel López Obrador acusándolo, falsamente, de no haber avisado con tiempo la llegada de Otis y sus vientos mayores a los 300 kilómetros por hora al paradisíaco puerto de fama mundial.

Felipe Calderón Hinojosa, todavía no llegaba el huracán al estado de Guerrero y ya acusaba a López Obrador del desastre. Como si hablara del propio gobierno que encabezó remitió a miles de gente sin agua y sin comida, a la destrucción de carreteras y a una región incomunicada. Y acusó al tabasqueño de haberse gastado los recursos de ayuda a la población en sus “caprichos” del tren maya y corredor transístmico.

Una herramienta que fue creada por Zedillo para atender tragedias como la actual es el llamado FONDEN –Fondo de Desastres Naturales—eliminado por la actual administración con la premisa de que fue un instrumento de corrupción al servicio de los gobiernos anteriores-. “Cada vez que había una situación de emergencia, a comprar y a comprar carísimo. Si una lámina cuesta 400 pesos, la compraban en dos mil”. Hoy el presupuesto para desastres existe más no con el nombre.

En el contexto hay que tomar en cuenta lo que con anterioridad dejó establecido el investigador del Ciesas y doctor en Geografía por la UNAM, Jesús Manuel Macías Medrano, que al reflexionar sobre El Círculo Vicioso de la Protección Civil en el sexenio de Ernesto Zedillo, presidente que para minimizar la hiper devaluación de diciembre de 1994 aprovechó una de las constantes erupciones del Popocatépetl para evacuar a más de 75 mil habitantes, aunque sólo se dio albergue a 25 mil. Los demás fueron abandonados a su suerte. Se inventó un posible desastre nacional para distraer la mega millonaria pérdida del patrimonio de los mexicanos a causa de la devaluación.

En 1995 apareció Paulina, luego de un sismo de 6.3 grados Richter que dejó miles de damnificados en Cohuayutla, Guerrero, que “no recibieron atención alguna de las autoridades federales y muy escasa de las estatales”. El huracán Ismael irrumpió dejando 75 muertos, según datos oficiales, “a causa de omisión e ineficiencia en los sistemas de alerta contra ese tipo de fenómenos atmosféricos”. En esos días, cuenta el investigador, Miguel de la Madrid Hurtado, de “triste memoria por su pusilánime intervención en los sismos de 1985”, presidía el Consejo Especial de Alto Nivel de la ONU para la Reducciópn de los Desastre Naturales.

Los huracanes Opal y Roxana aparecieron después. Y otro sismo que dañó a Colima Y Jalisco, donde Zedillo ayudo más a la entidad gobernada por el PRI. El geólogo de la UNAM recuerda que en “un albergue oficial instalado en la población jalisciense de Cihuatlán, un día antes de la llegada de Zedillo, los damnificados vieron sorprendidos cómo las despensas del albergue repentinamente crecieron hasta hacerse evidentes. Al terminar la visita de Zedillo, algunos operadores de la logística del mandatario intentaron llevarse las despensas. No lo permitieron los oficiales del ejército encargados del albergue y ahí se quedaron las despensas”.

En 1996 Zedillo no hizo nada contra la sequía que desde el 95 azotó el norte del país. Ninguna consideración hubo entonces. Un año después sorprendió, como ahora Otis, Paulina. Un huracán que provocó cientos de muertos en Acapulco, así como en comunidades indígenas y mestizas de Oaxaca y Guerrero. Como ahora con AMLO el zedillismo se dedicó a favorecer el ramo turístico; además de que ante la presencia del PRD y el EPR, el presidente Zedillo “pulió su estrategia de ofrecer atención a los damnificados a través de individuos y no considerando ninguna forma de representación o liderazgo. También dio al ejército un nuevo papel que contradecía toda norma previa desprendida de las previsiones de la Protección Civil: canalizar donaciones y administrar albergues”.

Osea, lo mismo que hoy critican de López Obrador.

Para el investigador, “si algo se puede extraer como conclusión parcial de la intervención de Zedillo en los desastres hasta ese momento es que ni él ni sus asesores y funcionarios responsables atinaban a entender el significado del desastre como fenómeno social y político. Y peor aun, mostraban sus limitaciones intelectuales, técnicas y de organización sobre realidades que tampoco entendían”.

El colmo es que en septiembre de 1998 se repitieron los fenómenos y, pese a la experiencia, no existía ningún programa de prevención y mitigación de desastres. Esto fue confirmado por las torrenciales lluvias que se dieron en la sierra y costa de Chiapas, que el propio Zedillo calificó de «el peor desastre en México desde el 85».

“El caso de las inundaciones de Chiapas de 1998 mostró, además, que se seguían las deficiencias y la ausencia de procedimientos para producir información sobre daños, muertos y heridos. Los desastres de Chiapas reinstalaron una forma de hacer reconstrucción fallida, simulada y peligrosa. La Secretaría de Desarrollo Social operó un programa de creación masiva de casas que se aplicó como programas de reconstrucción y los resultados se encuentran a la vista: unidades habitacionales sin servicios completos, abandonadas o construidas en las mismas áreas de riesgo.

Jesús Manuel García Medrano agrega: En las inundaciones «simultáneas» y extendidas de octubre de 1999 en la Sierra Norte de Puebla, el norte de Veracruz, Hidalgo, Tabasco y Chiapas, Ernesto Zedillo volvió a bautizar los desastres como «la tragedia de la década» y mantuvo la visión del «desastre natural» con sus complicidades de impunidad. La no existencia de sistemas de alerta y la enorme deficiencia de administración de las presas, la falta de mantenimiento de las infraestructuras, más la pobreza y el crecimiento caótico de asentamientos sobre áreas de riesgo –evidente cuando recibieron un excedente de precipitación– se convirtieron en desastres”.

Otras omisiones preventivas se comprobaron con los sismos de junio de 1999 en Puebla y Oaxaca que provocaron destrozos “como si el país estuviera en el siglo XV”. Y más: “El año 2000, despidió al ocurrente Zedillo con una inundación de aguas inmundas en el Valle de Chalco. Se reventó un canal de aguas negras que nunca recibió elemental mantenimiento ni monitoreo de sus condiciones; quizá esas omisiones fueron resultado de la canalización de los recursos públicos hacia los rescates bancarios. Políticas del señor Zedillo.

Conclusión: Con Zedillo se vivieron los continuos y graves desastres naturales que afectan a México. (Como ahora) Jamás existió una política de prevención con la diferencia de que en ese sexenio se creó el FONDEN, fuente de corrupción a costa de los pobres pues todavía hay damnificados de esos años. Durante su período de gobierno hubo seis titulares en la Dirección General de Protección Civil (cuatro secretarios de Gobernación). Cierto que Zedillo llegaba primero a los desastres pero solo a tomarse la foto. También a exhibir su arrogancia y autoritarismo ante los desamparados:

“¡Cállese! ¡Le exijo respeto, soy el presidente de la República! Si vuelve usted a hablar, me las paga!» Le espetó Zedillo a un damnificado por las inundaciones de 1999 en Gutiérrez Zamora, Veracruz, cuando protestaba por la repuesta gubernamental. Esas palabras se convirtieron en «joyas» de dominio público.

Y así fueron los resultados.

LA GUERRA ENTRE PODERES

Con los escándalos por el huracán, el pleito entre el Ejecutivo y el Legislativo con el Poder Judicial parece descansar un poco. Sólo eso, porque de seguro pronto volverán a crecer y –como con Otis—ser catapultados por el frente opositor. Con la reciente aprobación por diputados y senadores de eliminar los escandalosos fideicomisos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, (SCJN) se espera una creciente demanda de amparos por quienes están contra la propuesta de López Obrador.

La tragedia de Acapulco y sus alrededores motivó un tiempo de paz en esta guerra tras la petición de AMLO de que los 15 mil millones de pesos en juego fueran destinados en ayuda a los damnificados de Guerrero, sugerencia que al parecer fue bien recibida por Norma Lucía Piña Hernández, presidenta de la institución. Lo que siga será consecuencia de si los diputados aprueban una reducción al presupuesto del organismo cuya élite ha sido exhibida de vivir como reyes en un país de pobreza.

Ante el hecho de que la Cámara de Diputados aprobó un recorte más a los dineros –mayor a los seis mil millones de pesos– de los ministros para impartir una justicia muy cuestionada por los otros dos poderos de la República, lo más seguro es que los legisladores no afines a Morena litigien ante la misma SCJN con la exigencia de que lo aprobado es inconstitucional. La propia Corte podrá suspender la acción –lo que ya ha determinado el juez décimo segundo de distrito en Chihuahua, Juan Fernando Luévano Ovalle–. Y si no se concreta que el monto de los fideicomisos vaya a los damnificados todo quedaría, según especialistas, suspendido hasta que la misma SCJN en pleno falle con respecto a la inconstitucionalidad.

Ya como juez y parte la misma Corte no va a esperar al resultado de los comicios del 5 de junio de 2024 mediante los cuales Morena, que ya trabaja electoralmente en ello, de obtener la mayoría casi absoluta en el Congreso de la Unión podrá reformar a la SCJN y someterla a sus caprichos.

La fecha límite para la aprobación del presupuesto es el próximo 15 de noviembre. De consumarse la embestida del Ejecutivo y Legislativo contra el Poder Judicial, todo puede suceder, incluso la modificación del escenario electoral. De ser así los impactos de Otis, serían casi nada ante el riesgo de una gran crisis nacional.

HARFUCH O BRUGADA; SHEINBAUM O LOPEZ OBRADOR. ¡HE AHÍ EL DILEMA!

En 2024 serán las elecciones más importantes de la historia reciente del país. Después de la presidencial, la de jefe de Gobierno en la CDMX le sigue en trascendencia y es la que en el actual escenario preelectoral se ha complicado, y mucho, a Morena. En principio, hay que tomar en cuanta que en los pasado comicios el partido en el poder perdió nueve de las 16 alcaldías y que la principal responsable fue la ahora virtual candidata presidencial.

Apenas el pasado 7 de septiembre, Claudia Sheinbaum recibió de AMLO el Bastón de Mando para dirigir a Morena. Cantado estaba para esa fecha la desconfianza mostrada por el presidente de la República hacia Omar García Harfuch que ya se mencionaba como el preferido de la triunfante científica y política de la UNAM para la candidatura al gobierno de la principal capital el país.

Aunado a esto, la Coordinadora de Defensa de la Transformación recorrió el país invitando a que se unieran ciudadanos a la causa de Morena sin importar su trayectoria partidista. A la convocatoria respondieron de inmediato reconocidos priistas, perredistas y panistas que al agregarse a la campaña de Sheinbaum provocaron de inmediato repudio en las filas morenistas en muchas entidades y el descontento en la Ciudad de México entre los seguidores de Clara Brugada, ex alcalde de Iztapalapa exitosa con larga trayectoria en el Movimiento partidista que llevó a López Obrador al triunfo en las elecciones presidenciales de 2018.

Omar, ex jefe de la policía, es la bandera para recuperar el voto de la clase media. Clara Brugada da prioridad también a la clase pobre. El primero es de reciente afiliación morenista, hijo de un expresidente del PRI –Javier García Panigua– y nieto del general Marcelino García Barragán, relacionado a la represión estudiantil de 1968; Brugada es fundadora de Morena y siempre de izquierda.

Los desplantes de Sheinbaum han sido aprovechados por la oposición que ha recurrido al uso de la inteligencia artificial para para alentar una presunta división interna enfrentando a la candidata con el vocero presidencial Jesús Ramírez Cuevas y a Martín Batres, interino jefe de Gobierno, luego de una fallida concentración a favor de Claudia en el conocido estadio Azul el 26 de octubre pasado.

A los errores de la candidata presidencial de Morena se suma la determinación del Instituto Nacional Electoral (INE) de que en las boletas de las elecciones de 2024 deben figurar cinco mujeres en las nueve entidades que deben cambiar gobierno.

La CDMX se la juega con las reglas del propio fundador de Morena, Andrés Manuel López Obrador, quien no deja de manifestar será a través de encuestas la definición de quien habrá de competir: Omar García Harfuch, el exjefe policiaco de la gran ciudad que va adelante en popularidad o Clara Brugada, la empeñosa transformadora que cuenta a su favor con el reconocimiento de El Peje y de las bases más numerosas del partido Movimiento de Regeneración Nacional.

He ahí el dilema para Morena, que pronto se resolverá.

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